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I. Antecedentes

Durante los últimos años, el ser humano ha ido creando conciencia
sobre los efectos que la actividad humana ha provocado en el medio ambiente y, particularmente, en lo relativo al problema del calentamiento terrestre con las consecuencias naturales que hemos padecido de manera muy acentuada, durante la última década.

Específicamente, las actividades industriales, agrícolas, ganaderas,
por señalar algunas, provocan la emisión de enormes cantidades
de gases con efecto invernadero (bióxido de carbono, metano, óxido nitroso, hidroflurocarburos, perflurocarburos, hexafloruro de azufre y ozono) lo que provoca que los rayos solares que entran por la atmósfera —cuyo calor debería ser absorbido por la tierra en la parte requerida y reflejar hacia fuera el excedente— queden atrapados en la atmósfera.

Esta situación provoca el incremento gradual de la temperatura y, consecuentemente, desórdenes naturales como: el sobrecalentamiento
de los polos con el derretimiento correspondiente, incrementando el nivel de agua en los océanos lo que seguramente provocará la desaparición de islas, playas e inundaciones; y la erosión de las tierras con la imposibilidad de que las aguas, producto de las lluvias, se filtren
al subsuelo volviendo a evaporarse, con su posterior precipitación por lluvia, convirtiéndose en un fenómeno muy nocivo para la humanidad y demás especies que habitamos el planeta.

Algunos científicos equiparan este fenómeno en cuanto a su gravedad con la teoría del enorme meteorito que provocó cambios climáticos
en el planeta y la desaparición de los dinosaurios.

Reportes recientes indican que la tierra podría sufrir un incremento de temperatura durante los próximos 100 años, de hasta 5 grados centígrados, lo que seguramente provocará la desaparición
de múltiples especies que actualmente habitan la tierra; así como, los
desórdenes que su desaparición provocarán en la cadena alimenticia de otras especies.

Asimismo, se pronostica el incremento de los niveles de agua en los océanos, estimado en hasta 88 cm más, para el año 2100, con la
consecuente desaparición de islas y playas, al mismo tiempo que se espera un incremento en la intensidad de los huracanes y demás fenómenos naturales (lo que ya se ha hecho evidente durante los últimos cinco años).

Incluso, algunos científicos quienes afirmaban que no existe una prueba contundente que demuestre una relación causa-efecto de los
desórdenes naturales, antes mencionados, con la actividad humana, han aceptado que es necesario tomar las medidas necesarias para revertir el efecto de la actividad humana disminuyendo, gradualmente, la emisión de los gases con efecto invernadero.

Lo anterior, basados en el conocido principio precautorio en el sentido de que aún antes de existir la certeza científica de que puedan causarse
daños irreversibles mediante la realización de ciertas actividades humanas, éstas se puedan restringir o prohibir.

Información proveniente del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), sostiene que los países del Norte industrializado, representan 20% de la población mundial, pero utilizan alrededor de 80% de los recursos de la tierra.

Estas cifras, seguramente, se verán modificadas sustancialmente por la enorme actividad industrial que se está llevando a cabo en países
como China y la India, que tienen una gran concentración de la población mundial.

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