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Las cifras del Inegi y del IMSS para julio nos dejan ver un mercado laboral robusto. Mes a mes entran al mercado de trabajo cientos de miles de jóvenes que desean incorporarse a la actividad económica. La economía está siendo capaz de absorberlos, pero con sueldos de mala calidad, y principalmente enrolados en la economía informal.

La tasa de desocupación, con una definición muy cuestionable de gente que no trabajó ni siquiera una hora durante la semana de referencia de la encuesta, pero que manifestó su disposición para hacerlo e incluso hizo alguna actividad por obtener empleo, se mantuvo en 3.2 por ciento de la población económicamente activa. Nivel similar al alcanzado en el mes previo. Una tasa muy reducida. En julio de 2014 la desocupación superaba 5.0 por ciento.

En las cifras del IMSS, el número de trabajadores afiliados aumentó en julio en 38.2 mil plazas, 73 por ciento por arriba de los trabajadores afiliados en julio del año pasado. En lo que va del año, se han afiliado 555.6 mil personas, 19.72 por ciento más que en los primeros siete meses del año anterior. No se sabe cuántos de estos trabajadores ya se encontraban laborando en la economía informal, y cuántos son personas que están ingresando al mercado, desde el desempleo.

Una definición más estricta denominada tasa de subocupación (que se refiere al porcentaje de la población ocupada que tiene la necesidad y disponibilidad de ofertar más tiempo de trabajo de lo que su empleo actual le ocupa) se ubicó en julio pasado en 6.4 por ciento. Con la misma definición, en julio de 2016 la subocupación se encontraba en 7.9 por ciento. En noviembre de 2015 la tasa de subocupación se encontraba en 9.4 por ciento.

La tasa de participación que se refiere a la proporción de las personas de 15 años de edad y más, que son económicamente activas, en relación a la población total, se reportó en julio en 59.2 por ciento, por debajo del 59.3 por ciento de junio.

Por estados, la desocupación es sumamente variante. En Tabasco, en donde el desplome de la actividad petrolera ha causado estragos en la población, la tasa de desocupación es de 7.3 por ciento, mientras que en estados muy pobres como en Guerrero (1.7 por ciento), Morelos (1.8 por ciento) o Oaxaca (1.8 por ciento) los índices de desocupación son los más bajos, inferiores a 2.0 por ciento. En estados donde el boom económico es notorio, por la inversión automotriz o aeroespacial, como Guanajuato (3.4 por ciento), Querétaro (4.5 por ciento), San Luis Potosí (2.8 por ciento), Aguascalientes (4.0 por ciento), Puebla (3.3 por ciento), Nuevo León (3.7 por ciento), Chihuahua (2.8 por ciento), Coahuila (4.8 por ciento) o Sonora (3.9 por ciento) la tasa de desempleo promedio es de 3.7 por ciento, en donde se encuentra otro tipo de problema, que es la escasez de mano de obra calificada.

El dato que resulta alarmante es la tasa de informalidad que se ubicó en julio en 57.1 por ciento y que aumentó respecto al 56.7 por ciento que se registró en junio pasado. En abril de 2013 ésta alcanzaba 60.2 por ciento. Si bien la trayectoria es descendente, se tiene que hoy en día de cada 10 trabajadores casi seis se encuentran en la economía informal, están ocupados por cuenta propia o están en la economía de subsistencia. La tasa de ocupación en el sector informal, excluyendo la economía agrícola, se situó en 26.5 por ciento de la población ocupada.

Estas cifras implican que el mercado interno tiene cierta base para mantenerse, aunque las últimas estadísticas en las ventas de la ANTAD a tiendas comparables y en términos reales presentan caídas en la actividad comercial. Si no hay más inversión productiva, si la inflación aumenta y los salarios no lo pueden compensar, si las remesas familiares cayeran y si el crédito al consumo baja, irremediablemente el mercado interno se contraerá.

La Coparmex está de nuevo tratando de impulsar un incremento adicional en el salario mínimo. La medida de ingreso mínimo legal que se ha venido desindexando de la economía, aspirando que ésta se sitúe en el nivel mínimo de subsistencia.

¿No sería mejor que tanto el sector privado como el Estado enfocaran sus baterías hacia encontrar las medidas necesarias para incrementar la productividad? Ésta es realmente la única forma posible de aumentar los niveles de bienestar en la población. ¿Qué es lo que estorba para que tengamos una mayor inversión productiva?

Si nuestro esquema fiscal es meramente recaudatorio y tiene los incentivos en sentido opuesto para la creación de empleos formales y bien remunerados, estamos frenando las oportunidades de empleo.

En la mayoría de las encuestas de los indicadores cíclicos que publican distintos organismos como el Banco de México, el Inegi o el Instituto Mexicano de Contadores Públicos, la inseguridad y la corrupción se presentan continuamente como los dos principales factores que afectan la buena marcha de los negocios.

La sobreregulación en el sector financiero y en otros sectores también está generando costos innecesarios e ineficiencias en la economía.

El tamaño del aparato burocrático del Estado y el enorme gasto que lo mantiene es también un freno para la disponibilidad de recursos para la inversión productiva.

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